Adiós para siempre, Cuadro!!
Es curioso. Sabemos muy bien que todo lo que empieza tiene un final, que la vida como la conocemos precede siempre a la muerte, y sin embargo guardamos la esperanza de que eso no nos suceda a nosotros, que no le suceda a ninguno de nuestros seres queridos. Pero no hay tal; la muerte es una de las pocas cosas que hay seguras en la vida. Como reza el dicho: en la vida solo hay dos cosas seguras: la muerte y los impuestos.
Pues bien, este fin de semana me ha tocado despedirme de alguien muy especial para mí, de alguien muy cercano a mi corazón. El único consuelo es que llevaba mucho tiempo padeciendo una terrible enfermedad, así que finalmente descansó. Aún así, esa certeza no alivia el dolor de su partida, ni tampoco el saber que la muerte es algo ineludible, la última etapa de la vida.
Lo recordaré de muchas maneras. Para mí siempre fue algo así como mi papá en versión light, con un sentido del humor sarcástico, peculiar. Y bueno, como el tío buena gente, tomapelo y trabajador. Hoy hablaba con su yerno y me daba cuenta de que a mi tío yo lo veía de una manera particular. Donde otros vieron mal genio, yo vi un genuino interés para acercarse a las demás personas sin tener que bajar la guardia por completo. Era una especie de mueca suya. Siendo tan serio y tan estricto, esos comentarios burlones suyos mucha gente los tomaba por enojo, cuando en realidad eran, de verdad, bromas hechas por alguien que probablemente nunca supo cómo desembarazarse de esa rigidez con la que fue educado.
Héctor fue un luchador nato. Trabajó fuertemente durante toda su vida. Aunque creo que es posible decirlo de otra forma, pues para él su trabajo no era en realidad una carga, sino más bien una terapia, una diversión, una distracción. Su trabajo para él era una aventura, algo que lo apasionaba, al punto que decía que si le fuera dado empezar de nuevo, no lo dudaría un segundo y volvería a ser piloto práctico de puerto. Lo fue durante 36 años y lo volvería a ser durante 36, 50 ó 100 años más.
Llegado a este punto, vale la pena que te preguntes si escogerías el mismo camino que estás recorriendo en caso de que pudieras empezar tu vida de nuevo. Si lo estás disfrutando, no lo dudarías un segundo. Si tienes la más mínima duda y no te la gozas, seguro preguntarías qué papeles hay que firmar. Héctor lo tenía muy claro.
Cuando sueñas con vivir una vida mejor, en la cual disfrutes de más tiempo libre para compartir con tu familia y amigos haciendo cualquier cosa aparentemente improductiva, entonces sin duda que tienes un problema con tu vida. No se trata de que lo sepas categóricamente, pero sí de que seas consciente de todas las cosas que estás dejando de vivir, dejando de disfrutar por culpa de estar recorriendo el camino equivocado.
En fin, Héctor ya no está con nosotros y hará mucha falta.
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